Por Cap. José Suárez Valdez
Fotos: Cap. José Manuel Garrido
Hay empleos que parecen escritos para una película: volar durante siete horas en un Boeing 747 experimental, apagar motores deliberadamente, intentar rearrancarlos, ejecutar maniobras con elevados ángulos de ataque y regresar a tierra con millones de datos que ayudarán a definir el futuro de la aviación.
Ese es, literalmente, el trabajo de Nate Camps.

Lo conocí durante el Farnborough International Airshow, frente a uno de esos aviones que obligan a cualquier apasionado de la aviación a detenerse: el Boeing 747-400 Flying Testbed de GE Aerospace. Por fuera conserva la silueta inconfundible de la Reina de los Cielos; por dentro, dejó de ser un avión de pasajeros para convertirse en un sofisticado laboratorio capaz de volar.
Nate se presenta con una naturalidad casi desconcertante, como si dedicarse a llevar motores al límite a bordo de un jumbo experimental fuera cualquier trabajo de oficina.
Definitivamente, no lo es.
“Cualquier día que paso en el aire es uno de los mejores días de mi trabajo”.
¿Para qué sirve este avión? ¿Cómo funciona y cuál es su historia?
Es una aeronave experimental que utilizamos para probar nuestros motores comerciales. GE adquirió el avión de Japan Airlines en 2010 y dedicamos los años siguientes a modificarlo para convertirlo en una plataforma experimental.
Es realmente una especie de laboratorio volador. Aquí recopilamos todos los datos que nuestros ingenieros necesitan para validar que los motores cumplen con los requisitos de seguridad y certificación, así como con todo aquello para lo que fueron diseñados: consumo de combustible, eficiencia, durabilidad y otros elementos que diferencian nuestros productos.
“Es una especie de laboratorio volador donde reunimos toda la información necesaria para validar nuestros motores”.
Es fascinante pensar en todo lo que debe suceder antes de que un nuevo motor llegue bajo el ala de un avión comercial. Mucho antes de transportar pasajeros, debe enfrentarse a sensores, computadoras, ingenieros, pilotos de prueba y condiciones cuidadosamente diseñadas para descubrir sus límites.
Nate trabaja justo ahí: en el espacio que existe entre una idea trazada en una computadora y la confianza absoluta que, algún día, necesitaremos quienes operemos esa tecnología desde una cabina.
Aquí lo normal es hacer cosas anormales
¿Cómo es un vuelo habitual de pruebas?
Puede variar muchísimo porque esta aeronave es una plataforma con grandes capacidades y realizamos muchos tipos de pruebas.
Hacemos desde evaluaciones de desempeño, volando recto y nivelado bajo condiciones bastante estables, hasta pruebas dinámicas muy exigentes en las que llevamos los motores al límite. Los apagamos, volamos con altos ángulos de ataque y realizamos maniobras de deslizamiento lateral.
El tipo de vuelo y la cantidad de personas a bordo dependen de las pruebas que debamos realizar.




La mayoría de nuestras operaciones se lleva a cabo desde Victorville, California, pero podemos ir a cualquier lugar donde sea posible operar un 747 si necesitamos determinadas condiciones ambientales. Hemos volado, por ejemplo, a lugares como Alaska.
Una misión habitual dura alrededor de siete horas. El avión puede transportar combustible para volar durante mucho más tiempo, pero, como las condiciones de prueba son muy dinámicas, suelen ser jornadas bastante largas y, al mismo tiempo, muy divertidas para toda la tripulación.
“Apagamos los motores, volamos con altos ángulos de ataque y los sometemos a condiciones muy exigentes”.
Preguntarle cómo es un vuelo “normal” de pruebas resulta casi contradictorio. En este avión, prácticamente nada es normal.
Mientras toda la industria trabaja para que un piloto jamás experimente la pérdida de un motor, Nate y su equipo los apagan intencionalmente para estudiar su comportamiento y comprobar que puedan volver a arrancar.
Y tienen que hacerlo. Su misión consiste precisamente en descubrir cómo responderán cuando abandonen las condiciones ideales.
¿Cuántas personas participan en uno de estos vuelos?
En un vuelo típico llevamos entre 15 y 20 personas, una cantidad considerablemente menor a la que este avión transportaba cuando se encontraba en servicio comercial.
Generalmente viajan entre cinco y siete integrantes de nuestra organización de pruebas en vuelo. El resto son ingenieros que tienen la oportunidad de observar sus componentes funcionando en un entorno real, analizar la información con nosotros y verificar que aquello que diseñaron trabaje exactamente como fue previsto.
“Los ingenieros pueden ver sus componentes funcionando en un entorno real y comprobar que respondan como fueron diseñados”.
No hay cientos de pasajeros, servicio a bordo ni pantallas de entretenimiento. En su lugar, hay estaciones de monitoreo, computadoras, instrumentación y especialistas observando en tiempo real cada reacción del motor.
Probablemente sea uno de los interiores más interesantes que puede tener un Boeing 747.
Motores tan confiables que quizá nunca veamos fallar uno
Como ingeniero, ¿cómo consideras que han evolucionado los motores de aviación y qué podemos esperar de ellos en el futuro?
Podemos comenzar por su seguridad y confiabilidad. Pasamos de una aeronave de cuatro motores como esta, cuyo diseño original data de 1969 y que posteriormente recibió diversas actualizaciones, a una industria en la que predominan los aviones bimotores.
Los motores se han vuelto tan confiables que la mayoría de los pilotos probablemente no experimentará el apagado de uno durante toda su carrera.



Sin embargo, en esta aeronave nos aseguramos de que, si alguna vez un piloto necesita volver a arrancar un motor, todas las secuencias y sistemas de control hayan sido validados para permitirlo.
La confiabilidad es uno de los grandes avances, pero también hemos progresado enormemente en eficiencia y reducción de ruido. Los motores actuales son mucho más silenciosos y eficientes que los de las primeras generaciones.
Ahora hablamos del futuro del vuelo y de cómo utilizaremos tecnologías como el open fan para conseguir el siguiente gran salto en eficiencia, manteniendo al mismo tiempo la durabilidad y las características acústicas por las que son conocidos nuestros productos.
“Los motores son tan confiables que la mayoría de los pilotos no verá apagarse uno durante toda su carrera”.
La frase resulta especialmente poderosa cuando proviene de alguien cuyo trabajo incluye apagarlos en pleno vuelo.
Es una de las grandes paradojas de la seguridad aérea: para que millones de vuelos transcurran sin incidentes, alguien tiene que provocar, estudiar y resolver los escenarios que nadie quiere encontrar durante una operación cotidiana.
El futuro de la aviación no aparece de pronto bajo el ala de una nueva aeronave. Primero vuela conectado a sensores, rodeado de ingenieros y sometido a todo lo que este 747 sea capaz de hacerle.
Tu trabajo parece extraordinariamente interesante. ¿Qué es lo que más disfrutas de él?
Me encanta que volamos. Siempre me han gustado los aviones y, cuando me convertí en ingeniero, sabía que quería trabajar con ellos.
Mi familia y mis compañeros saben que cualquier día que paso en el aire es uno de los mejores días de mi trabajo. Este es simplemente el lugar perfecto para mí.






Me encanta trabajar en este avión y también me encanta hablar de él. Por eso apreciamos mucho que las personas se acerquen a conocerlo.
“Siempre me han gustado los aviones. Cuando me convertí en ingeniero, sabía que quería trabajar con ellos”.
Quizá esa sea la parte más emocionante de conocer a un ingeniero de pruebas en vuelo: descubrir que detrás de las computadoras, los sensores y una de las plataformas experimentales más impresionantes del mundo sigue existiendo la misma emoción que llevó a muchos de nosotros hacia la aviación.
La emoción de mirar un avión y querer entenderlo. De preguntarse hasta dónde puede llegar. De querer estar a bordo cuando lo haga.
Finalmente, ¿qué les dirías a los jóvenes que están considerando estudiar algo relacionado con la aviación?
Si les interesa, les diría que esta es una gran industria. Es fantástica, interesante y existen muchísimas oportunidades para involucrarse en ella.
Busquen mentores y encuentren un trabajo que coincida con sus intereses. La aviación realmente ofrece una carrera extraordinaria.
“Busquen mentores y encuentren un trabajo que coincida con sus intereses. La aviación es una carrera extraordinaria”.
Y tiene razón. La aviación necesita pilotos, pero también ingenieros capaces de imaginar nuevos motores; técnicos que puedan convertirlos en realidad; especialistas que interpreten millones de datos y equipos de pruebas dispuestos a llevar cada diseño hasta sus límites.
Cuando los pilotos encendemos un motor y avanzamos las palancas de potencia para despegar, confiamos en que responderá exactamente como debe hacerlo.

Antes de que eso ocurra, Nate Camps y su equipo ya lo encendieron, lo apagaron, intentaron rearrancarlo y lo enfrentaron a condiciones que probablemente nunca encontrará durante toda su vida operativa.
Y todo lo hicieron desde un Boeing 747.
Definitivamente, no es cualquier trabajo de oficina.
