Por: Guillermo Velázquez
Es un hecho que estamos viviendo unas de las peores crisis en la historia de la humanidad, muchas industrias están padeciendo económicamente los estragos que está dejando esta pandemia y la aviación es sin duda una de las más afectadas.
A lo largo de los últimos meses hemos escuchado y leído noticias tristes de muchas aerolíneas que cesan operaciones o vemos muchos aviones en tierra, esperando el momento en el que las fronteras de los países abran y las restricciones terminen.

Pero ¿realmente será el fin del problema?
El miedo de enfermar, de contagiarse de un virus del cual tanto se habla y que se ha convertido en el principal tema de todos los días en muchas familias y países, ese miedo que da tan sólo salir al supermercado o ir a trabajar si es que tienes que hacerlo, será una situación latente en el momento en el que podamos viajar de nuevo.
Y es que no solo es pensar en nosotros mismos, si no en nuestras familias y amigos. Pero habiendo dicho esto y antes de que siga deprimiéndolos y asustándolos, quiero compartirles y expresarles mi experiencia de las últimas semanas, en las cuales he tenido “la fortuna” de poder volar en medio de estos momentos difíciles

El pánico es abundante en muchos lugares del mundo, pero es un pánico alimentando por la falta de información y noticias falsas, que hoy son, desafortunadamente, algo que experimentamos día con día.
Así como en crisis pasadas, la aviación siempre aprende, mejora y evoluciona para no cometer los mismos “errores” y hacer de esta industria algo mucho más seguro y eficiente, no solo para los pasajeros, los cuales son el alma de todo, sino también para todos y cada uno de los empleados y empresas que dependen de esta industria.

Miles de trabajadores alrededor del mundo han dejado sus uniformes por unos meses, esperando al igual que los aviones, el poder regresar a volar y trabajar en sus espacios laborales. Pero hay contadas personas que seguimos trabajando, aportando con lo que nos corresponde a nuestra empresa, nuestra industria y a nuestro país a salir adelante de esta situación.
En las ultimas semanas, diferentes aerolíneas mexicanas han llevado a cabo diversos vuelos humanitarios apoyando a mexicanos varados en diferentes países para regresar a su hogar, otras han ido hasta China por insumos médicos para traerlos al país y otras más se han encargado de llevar dichos insumos médicos a los diferentes estados de la República y algunos otros a países hermanos de Latinoamérica.

El volar y trabajar como tripulante en esta época definitivamente es algo que quedará en la historia y en la mente de muchos de nosotros. Pocas veces se imagina uno que, en un avión de pasajeros, en los asientos viajarán cajas en lugar de personas, que las maletas estarán sustituidas por material médico.
Tripulaciones de cinco o hasta seis pilotos para realizar vuelos, algunos a destinos nunca visitados, otros a lugares conocidos, pero en condiciones distintas. Pareciera que volamos en un mundo en pausa, en un mundo donde usar cubre bocas en todo momento es la nueva norma hasta el punto de tener que volar y pilotear con él; sobrecargos portando máscara protectora, usando y distribuyendo gel antibacterial a los pasajeros y tripulación, tomando la temperatura corporal en cada sitio al que uno llega. Eso es y tal ves sea de ahora en adelante, lo habitual.

En momentos difíciles siempre hay algo que aprender, siempre hay oportunidades que explotar para fortalecerse, ya sea individual o en lo grupal. Sinceramente nunca imaginé que, como piloto, tendría que revisar el equipo de emergencia del avión, el cual, aunque uno sabe dónde su ubicación por el adiestramiento y manuales aprendidos pocas veces es visto o revisado. Y qué decir del armar y desarmar toboganes, que, si bien son bastante amigables en el avión que vuelo y su operación, es algo a lo que no estás acostumbrado a hacer.
Por eso digo que siempre es bueno salir de nuestra zona de confort, de la rutina, para crecer. Y esta situación nos da la oportunidad de hacerlo.

Es un hecho que la aviación cambiará después de todo esto, se maneja ya la idea de modificar los asientos de los pasajeros ayudando así a mantener “distancia” aunque sabemos será un gran reto por su complejidad para lograrlo. Será un gran reto para todos regresar a volar, como pasajeros y como tripulantes, estoy seguro de que todo va a cambiar, tal y como pasó después del 11 de septiembre, donde se implementaron los filtros de seguridad antes de ingresar a la zona estéril de los aeropuertos. Seguramente se implementarán medidas de sanidad obligatorias en aeropuertos y a bordo de los aviones, pero todo esto para cuidarnos y dar confiabilidad y seguridad a una industria que conecta al mundo y que transporta a millones de pasajeros en todo el mundo.

Será difícil regresar a la “normalidad” ya que la fecha de que concluya o al menos mejor la crisis aun es incierta, pero depende de cada uno de nosotros, con nuestras acciones del día a día, ayudar a que todo esto avance. Usar cubrebocas, lavarse las manos, limpiar todo muy bien en casa. En general, mejorar nuestros hábitos de higiene, es una buena idea, empezando, por ejemplo, a replicar mejores prácticas como medidas de higiene en países más desarrollados como Japón.
Hoy todo ayuda, todo suma.
Tu nos ayudas a todos y formas parte en lograr que la solución sea más rápida, cuidándote y cuidando a los tuyos, quedándote y cuidándote en estos momentos en casa.
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