Por Raúl Valencia
Iberia y Brussels Airlines convirtieron el eclipse solar en una experiencia desde el aire y muestran cómo las aerolíneas buscan nuevas formas de diferenciar el viaje.
Durante décadas, la aviación comercial construyó su propuesta de valor alrededor de una idea sencilla: llevar pasajeros de un punto a otro. Precio, rutas, horarios, puntualidad y conectividad han sido —y siguen siendo— algunos de los principales argumentos para elegir una aerolínea.
Pero hay otra variable que ha ido ganando espacio: qué ocurre mientras estamos en el aire.
El eclipse solar del 12 de agosto ofrece un buen ejemplo. Iberia operó un vuelo especial para observar el fenómeno desde unos 10,000 metros de altura y transmitirlo en directo, con apoyo de conectividad Starlink.
Pero Iberia no fue la única. Brussels Airlines también programó un vuelo especial para que sus pasajeros pudieran observar el eclipse desde el aire. La compañía trabajó con el Observatorio Urania de Suiza y convirtió el fenómeno astronómico en el motivo mismo del viaje. El vuelo se agotó.
Y ahí está lo interesante: la idea de convertir el vuelo en una experiencia no es nueva, pero parece estar cobrando una nueva relevancia.

Cuando el vuelo deja de ser solo el trayecto
Las aerolíneas llevan años experimentando con esta posibilidad.ANA, por ejemplo, ha desarrollado sus conocidos Pokémon Jets, donde la experiencia temática va más allá del exterior del avión e incluye contenidos y elementos especiales durante el viaje.
También existen propuestas gastronómicas, vuelos panorámicos y operaciones especiales vinculadas con acontecimientos culturales o fenómenos naturales.
La diferencia es que estas iniciativas empiezan a adquirir mayor importancia en un mercado donde las aerolíneas necesitan encontrar nuevas formas de diferenciarse, y el eclipse lo demuestra.
En este caso, los pasajeros no compraron únicamente un asiento para llegar a un destino. Compraron la posibilidad de estar en el lugar —o, mejor dicho, en el aire— desde donde podían vivir un acontecimiento extraordinario.

¿Qué puede ofrecer el aire que no ofrece la tierra?
Esta puede ser una de las preguntas más interesantes para la aviación de los próximos años.
Un eclipse puede observarse desde tierra. Pero hacerlo desde un avión modifica la experiencia: cambia la perspectiva, permite buscar mejores condiciones de observación y convierte el propio desplazamiento en parte del acontecimiento.
Lo mismo puede ocurrir con otros fenómenos o actividades. Auroras boreales, acontecimientos deportivos, experiencias gastronómicas, propuestas culturales o contenidos exclusivos pueden convertirse en motivos para volar.
La pregunta deja entonces de ser únicamente: ¿a dónde me lleva esta aerolínea? Y empieza a ser: ¿qué puedo vivir con ella que no podría vivir de otra manera?
La tecnología amplía la experiencia
La tecnología también está cambiando las posibilidades.
En el caso de Iberia, la conectividad permite que aquello que ocurre a miles de metros de altura no quede limitado a quienes están dentro del avión. La experiencia puede producirse en el aire y convertirse, prácticamente al mismo tiempo, en contenido para una audiencia en tierra.
Esto transforma también la función del avión. Ya no es únicamente un medio de transporte, puede ser escenario, plataforma de contenidos y punto privilegiado para vivir acontecimientos.

Una vieja idea con un nuevo valor
Convertir un vuelo en una experiencia no es una estrategia nueva para la industria. Lo que está cambiando es el valor que puede tener esa experiencia como elemento de diferenciación.
Precio, seguridad, puntualidad, rutas y conectividad seguirán siendo fundamentales. Pero cuando muchas aerolíneas pueden ofrecer propuestas similares, la experiencia abre un espacio adicional para competir.
El reto no consiste en convertir cada vuelo en un espectáculo. Consiste en identificar aquellos momentos en los que el hecho de estar volando aporta algo que no podría conseguirse en tierra.
Iberia y Brussels Airlines lo hicieron con un eclipse.
Y quizá esa sea la señal más interesante: el futuro del Passenger Journey no necesariamente estará en hacer que el pasajero llegue más rápido a su destino, sino en conseguir que también recuerde lo que vivió mientras estaba en el aire.
Porque, al final, un vuelo puede ser mucho más que el trayecto entre dos aeropuertos, también puede ser parte del viaje.
