Por Raúl Valencia
La biometría y la identidad digital ya transforman el viaje en Norteamérica. México enfrenta el reto de integrar sistemas, procesos y actores para lograr una experiencia aeroportuaria realmente conectada
El Mundial de 2026 será una prueba de estrés para la infraestructura aeroportuaria de Norteamérica, al concentrar millones de pasajeros en periodos muy cortos. En México, el sistema ya opera bajo presión, con más de 120 millones de pasajeros al año y un AICM limitado a 44 operaciones por hora, a lo que se sumará el flujo de alrededor de 6.5 millones de aficionados entre los tres países sede.
En este contexto, el reto deja de ser solo de infraestructura y se traslada a la eficiencia operativa, especialmente en la verificación de identidad y el procesamiento de pasajeros en puntos críticos como seguridad, migración y abordaje.
El nuevo modelo de viaje: identidad digital y biometría
La industria aérea está migrando hacia un modelo donde la identidad del pasajero deja de verificarse repetidamente y comienza a gestionarse de forma digital y continua.
Hoy, un viajero puede presentar documentos físicos en múltiples etapas del aeropuerto, repitiendo validaciones que generan tiempos de espera acumulados. La biometría busca sustituir gran parte de estos procesos mediante reconocimiento facial y credenciales digitales verificables.
Este cambio ya muestra resultados medibles. Implementaciones en la industria han logrado reducir hasta en 40% los tiempos de verificación en puntos clave del recorrido aeroportuario, especialmente en seguridad y abordaje.
La transformación responde también a una presión estructural: el tráfico aéreo global podría duplicarse hacia 2040, pasando de alrededor de 4 mil millones de pasajeros en 2019 a cerca de 8 mil millones. Bajo ese escenario, los procesos manuales dejan de ser sostenibles.

Estados Unidos y Canadá: adopción a gran escala
En Estados Unidos, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) ha procesado más de 800 millones de viajeros mediante sistemas biométricos y utiliza reconocimiento facial en múltiples aeropuertos internacionales. Programas como TSA Touchless ID permiten que ciertos pasajeros completen controles de seguridad sin presentar documentos físicos.
Canadá ha adoptado esquemas similares en aeropuertos clave, integrando biometría en procesos de abordaje y verificación de identidad con el objetivo de reducir tiempos de espera y aumentar la capacidad operativa sin expansión física de infraestructura.
El objetivo común es claro: aumentar la eficiencia del sistema aeroportuario reduciendo la fricción en el recorrido del pasajero.
Hacia una identidad interoperable: IATA e ICAO
Esta evolución forma parte de una agenda global de estandarización.
IATA impulsa el modelo One ID, que busca permitir que los pasajeros se identifiquen mediante credenciales digitales verificables y biometría a lo largo de todo su viaje.
Por su parte, la ICAO desarrolla la Digital Travel Credential (DTC), un estándar que permite compartir información de identidad validada antes de llegar al aeropuerto, reduciendo la dependencia de documentos físicos y habilitando procesos más ágiles y seguros.
Ambas iniciativas apuntan al mismo objetivo: transformar la experiencia del pasajero en un flujo continuo, sin fricciones y basado en identidad digital interoperable.

México: avances aislados en un sistema no integrado
Nuestro país ha avanzado en digitalización aeroportuaria. La adopción del pasaporte electrónico, con chip y datos biométricos bajo estándares internacionales, representa un paso importante. También existen procesos migratorios automatizados en algunos aeropuertos y la digitalización del check-in y del pase de abordar en las aerolíneas.
Sin embargo, estos avances operan de forma fragmentada.
Hoy, el pasajero puede utilizar herramientas digitales en distintas etapas del viaje, pero aún enfrenta múltiples verificaciones de identidad entre aerolíneas, aeropuertos y autoridades. La experiencia sigue siendo una cadena de procesos desconectados, no un sistema integrado.
La diferencia clave no está en la tecnología disponible, sino en la interoperabilidad entre actores del ecosistema aeroportuario.
El reto real: integrar, no solo digitalizar
La experiencia internacional demuestra que la biometría no genera valor por sí sola. Su impacto ocurre cuando se integra en un ecosistema común que conecta aerolíneas, aeropuertos y autoridades bajo estándares compartidos.
El reto para México no es tecnológico, sino de coordinación institucional y adopción de estándares que permitan que la identidad digital del pasajero funcione de extremo a extremo.
En otras palabras, el país ya cuenta con varias piezas del sistema, pero aún no las ha conectado.

El Mundial como punto de inflexión
El Mundial de 2026 será la primera gran prueba de un modelo de viaje más eficiente en condiciones reales de alta demanda. Más que la capacidad de los aeropuertos, el reto será su eficiencia para procesar pasajeros de forma ágil en todo el recorrido.
La tecnología y los estándares ya existen; el desafío para México es integrar su ecosistema aeroportuario. El Mundial puede acelerar la transformación del Passenger Journey, donde la ventaja ya no será la infraestructura, sino la capacidad operativa y la reducción de fricción en el viaje.
