Una nota por Raúl Valencia
RFID, intercambio de datos, etiquetas electrónicas e inteligencia artificial están llevando la gestión del equipaje de la trazabilidad a la anticipación de incidencias.
Una maleta no termina su recorrido cuando desaparece detrás del mostrador de documentación. A partir de ese momento comienza una cadena en la que intervienen aerolíneas, aeropuertos, operadores de handling, sistemas de clasificación y, en muchos casos, diferentes vuelos y estaciones.
Durante años, el principal reto fue saber dónde estaba ese equipaje. Hoy, la industria empieza a enfrentarse a una pregunta más compleja: qué hacer con toda la información que genera ese recorrido.
En 2025 se transportaron alrededor de 5 mil millones de pasajeros y se registraron 24 millones de maletas mal gestionadas, con un costo estimado para la industria de US$6.3 mil millones. Aunque la tasa de equipaje mal gestionado disminuyó 23% frente al año anterior, el volumen absoluto mantiene la eficiencia del proceso como una prioridad operativa.

El problema ya no es solamente rastrear
RFID y otros sistemas de tracking han permitido registrar eventos en puntos críticos del recorrido, desde la aceptación y la carga hasta la transferencia y la entrega. Esto ha dado a las aerolíneas mayor visibilidad sobre el equipaje, pero también ha dejado claro un límite: conocer el último punto en el que una maleta fue registrada no necesariamente permite entender qué está ocurriendo con ella.
La dificultad aumenta cuando existen conexiones. En 2025, éstas representaron 39% de los casos de equipaje mal gestionado, una misma maleta puede pasar por diferentes aerolíneas, aeropuertos y proveedores de handling, cada uno con sus propios sistemas y datos.
Por eso, el siguiente salto no consiste simplemente en generar más eventos de tracking, sino en conseguir que la información de cada uno pueda relacionarse con la del resto de la cadena.
Saber que una maleta fue escaneada adquiere mucho más valor cuando ese dato puede cruzarse con el tiempo disponible para una conexión, un cambio de puerta, una modificación de vuelo o cualquier otra circunstancia que pueda alterar su recorrido.

Cuando los datos empiezan a seguir a la maleta
Esta necesidad está impulsando una evolución en la forma en que la industria intercambia información. En 2026, IATA lanzó el Baggage Community System, basado en el estándar Baggage Information eXchange (BIX), para facilitar el intercambio de información entre los participantes de la cadena.
La idea es que los datos dejen de permanecer aislados en los sistemas de cada actor y puedan contribuir a una visión compartida del recorrido del equipaje.
Incluso la etiqueta participa en esta transformación. Las etiquetas electrónicas permiten actualizar digitalmente la información asociada al vuelo, mientras que tecnologías de localización basadas en Bluetooth y otras redes pueden complementar el tracking operacional.
Son tecnologías distintas, pero apuntan en una misma dirección: hacer que la información sobre una maleta sea más dinámica y esté disponible en más momentos de su recorrido.
Y eso cambia lo que puede hacerse con los datos. Cuando una aerolínea no solo sabe dónde está una maleta, sino también qué vuelo debe tomar, cuánto tiempo queda para la conexión y qué está ocurriendo en la operación, el tracking deja de ser únicamente una herramienta para localizar equipaje y empieza a convertirse en una herramienta para tomar decisiones.
El siguiente paso es actuar antes
Ahí entra la inteligencia artificial y el análisis predictivo.
La pregunta deja de ser únicamente “¿dónde está la maleta?” para convertirse en “¿qué equipaje requiere atención para evitar que algo salga mal?”.
Delta, por ejemplo, desarrolló Baggage AI, que combina datos de vuelos, ubicación del equipaje y tiempos de conexión para optimizar en tiempo real las rutas de los operadores que trasladan las maletas. La lógica es pasar de una operación reactiva a una en la que ciertos riesgos puedan identificarse y atenderse antes de que se conviertan en una incidencia para el pasajero.

El incentivo económico es considerable. SITA estima que una maleta retrasada representa un costo promedio de alrededor de US$245 para la industria, mientras que una pérdida alcanza aproximadamente US$635, considerando operación y compensación.
La localización mediante tecnologías de Apple muestra otra dimensión de esta evolución. SITA reportó una reducción de 90% en el equipaje perdido de forma permanente durante su primer año de implementación y de 26% en el tiempo de recuperación del equipaje retrasado.
El concepto de “equipaje inteligente”, entonces, empieza a significar algo diferente. El valor no está necesariamente en incorporar más tecnología dentro de la maleta, sino en conectar la información que genera durante su recorrido y convertirla en capacidad de decisión.
La evolución va de identificar una maleta a rastrearla,de rastrearla, a entender su situación, y de entenderla, a anticipar dónde puede producirse el siguiente problema.
El futuro del equipaje podría tener menos que ver con hacer inteligente a la maleta y mucho más con hacer inteligente toda la cadena que la mueve.
