vía Airways
Nota del editor: esta entrada ha sido actualizada reflejando el hecho de que Donald Trump ha resultado presidente electo de Estados Unidos.
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Miami. Donald Trump es el nuevo presidente de Estados Unidos. Por ello, es importante analizar cómo su presidencia podría afectar potencialmente a la aviación dentro del país norteamericano.
Trump se ha enfocado de manera vehemente en la calidad de los aeropuertos
A lo largo de su campaña electoral, los comentarios de Trump referentes a la aviación se han limitado, casi exclusivamente, a los aeropuertos. Específicamente ha señalado el estado abismal en el que se encuentran los aeropuertos estadounidenses; especialmente el aeropuerto de La Guardia en Nueva York, al que se ha referido como ‘un aeropuerto de tercer mundo’ y ha recalcado una disparidad notoria en las instalaciones de algunos aeropuertos estadounidenses y los mega-aeropuertos de oriente medio como Dubái o Doha.
Dichos comentarios alcanzaron su mayor audiencia durante el primer debate presidencial, en el que Trump los utilizó como elemento principal en su plan de infraestructura, asegurando que generará mejoramientos masivos (mientras que simultáneamente promulgaba un recorte masivo de recolección de impuestos que vale la pena destacar).

Antes de olvidar la idea de que fondos adicionales ofrecen mejores aeropuertos, es importante recordar que de alguna forma Trump logró desembarcar en La Guardia proveniente del medio oriente en un vuelo comercial, lo que parece digno de otra de sus fantasías.
También es importante señalar que el aeropuerto de La Guardia está en una fase de renovación en sus instalaciones con una inversión que asciende a US$ 4 mil millones. Y aunque esta renovación no resolverá la congestión en sus pistas, sí mejorará considerablemente la experiencia del pasajero en las instalaciones de la terminal.
Dejando eso de lado, el problema fundamental que afecta la infraestructura aeroportuaria de Estados Unidos no es necesariamente la falta de inversión. En el país norteamericano hay presupuesto, así como una realidad financiera; algo que no figura necesariamente en el enfoque que países como los Emiratos Árabes Unidos o Qatar le dan a la aviación. Dado el hecho de que los aeropuertos estadounidenses poseen la responsabilidad de publicar la totalidad de su presupuesto, darse el lujo de gastar -digamos- US$ 2.2 millones en una espectacular estatua en el corazón del aeropuerto de Charlotte Douglas es un evento relativamente limitado.

De hecho, la mayoría de las obras públicas en Estados Unidos experimentan una inflación en sus costos de construcción dada la presencia e influencia de uniones laborales y sindicatos que inflan el costo de cualquier proyecto ejecutado por la autoridad portuaria en los aeropuertos de JFK, Newark, y La Guardia, por ejemplo.
Sin definir si esto se trata de algo bueno o malo, estas políticas y regulaciones están fuertemente arraigadas a un nivel local y son muy difíciles de anular o revocar, incluso para alguien como Trump. ¿Realmente alguien cree que una administración liderada por Trump va a establecer un nuevo estándar en transparencia gubernamental y disciplina presupuestaria? Esto aplica, en menor medida, a una presidencia de Hillary Clinton, cuyo partido político en reiteradas ocasiones ha estimulado estos sindicatos a incrementar dichos costos adicionales al sistema.
Para bien o para mal, como nación, los Estados Unidos han decidido una alta participación sindical en sus obras públicas, algo que Trump no puede olvidar.

El segundo factor es la protección ambiental y sustentabilidad, lo cual añade años y ocasionalmente cientos de millones de dólares a la etapa de desarrollo de un nuevo proyecto aeroportuario. Y aun así, incluso si un proyecto cumple con todos los estándares, es posible que se vea comprometido por una variedad de regulaciones ambientales. No es descabellado mencionar que la razón por la cual la infraestructura aeroportuaria de Nueva York apesta es porque La Guardia no puede expandirse hacia el río, y el JFK no puede expandirse hacia la Bahía de Jamaica al estar habitada por la Tortuga Lora, en peligro crítico de extinción, entre otras especies.
Así es como, literalmente, hemos construido un sistema en el cual una tortuga y algunos pájaros previenen el desarrollo de un motor económico valorado en miles de millones de dólares y decenas de miles de puestos de empleo en la ciudad más importante del planeta. Vuelvo a recalcar que, sin pasar juicio, esto es algo que hemos decidido como sociedad y algo que simplemente Trump no hará desaparecer levantando una mano.

La perspectiva equivocada de Trump sobre los aeropuertos se transforma en algo devastador para la aviación estadounidense al considerar sus políticas de comercio. Las constantes amenazas hacia el sistema económico global y particularmente a los acuerdos comerciales de Estados Unidos representan una amenaza palpable para el desarrollo de las industrias aeroespaciales y de transporte aéreo estadounidenses.
Comenzando con las aerolíneas, tan solo revocar un acuerdo de comercio internacional como el TLC o el firmado entre Estados Unidos y China desplomaría el tráfico aéreo hacia estas regiones, poniendo en peligro más puestos de trabajo en Estados Unidos que la expansión de Norwegian Air International o las aerolíneas del medio oriente en la región que jamás han hecho.

Del lado aeroespacial, queda evidente el riesgo que representa tener una red de abastecimiento global. ¿Qué pasará cuando Boeing no pueda sacar de México sus partes del 737?, por supuesto, para muchos seguidores de Trump, esto se considera un elemento positivo, y no negativo pues quieren que todos los componentes sean fabricados en Estados Unidos. Está bien. Pero las implicaciones comerciales que eso traería detendrían la venta de aeronaves a otras naciones.
China sorpendería a Estados Unidos con un gran impuesto si Trump se sale con la suya, y déjenme decirles, será el mejor impuesto del mundo, ellos ganaran y le devolverán la grandeza a Nanjing…o algo por el estilo, como lo pondría Trump.
Pero en serio, más del 75% de los negocios de Boeing provienen de fuera de los Estados Unidos. Si Trump comienza a repeler acuerdos de comercio internacional, ¿Qué pasará cuando Boeing intente vender sus aeronaves a esas naciones?

