por Saúl Reza
París, Francia. El 19 de octubre, la nave espacial TGO (Trace Gas Orbiter) de la Agencia Espacial Europea (ESA) se estableció con éxito en la órbita del cuarto planeta de nuestro sistema solar. Esta es parte de la misión ExoMars 2016, que es conformada por TGO y un vehículo de aterrizaje llamado Schiaparelli. Ambos fueron lanzados en marzo desde el Cosmódromo de Baikonur abordo de un cohete Protón.
Después de algunos momentos de tensión en el Centro de Control de la Misión, la señal del orbitador (cuyo propósito es medir los niveles de metano en la atmósfera del Planeta Rojo) fue recibida con claridad. Sin embargo, esa es solo la mitad de la historia ya que la señal de Schiaparelli, que se esperaba aterrizara alrededor de las 10:48 am tiempo de la Costa Este de Estados Unidos, se recibió segundos antes de hacer contacto con la superficie de Meridiani Planum (una región de tierras altas justo al Sur del ecuador marciano).

El equipo ExoMars aún se encuentra en la espera de recibir alguna pista de lo que sucedió con este vehículo. ¨Es claro que estas no son buenas señales, pero necesitaremos más información, y eso es lo que va a suceder esta noche¨, afirmó Paolo Ferri, director del Departamento de Operaciones de Misión de ESA.

Esta es la primera de dos fases de la iniciativa de ESA con Roscosmos (la Agencia Espacial Rusa). La segunda etapa de ExoMars consistirá en lanzar un vehículo de exploración (o rover) en el año 2020 cuyo propósito será buscar vida, o señales de que existió, en la superficie de Marte. ExoMars ha tenido un costo de $1.3 mil millones de euros hasta el momento.
