Un emotivo adiós para Bobby, el 737 de Lufthansa

Por Daniel Goz

Lufthansa recibió su primer Boeing 737 como cliente de lanzamiento en 1968. El 31 de octubre de 2016 llegó el momento de despedirlo, tras una increíble trayectoria de 48 años desde que ‘Bobby’ -como se le conoce popularmente en Europa a los 737 de la compañía alemana- se unió a la flota.

Aterricé en Frankfurt a las 08:20 hora local, tras un corto pero cómodo vuelo desde Gotemburgo, Suecia. La documentación del vuelo conmemorativo de despedida del 737 no estaba programada para comenzar sino hasta las 10:00am. Afortunadamente, tenía la posibilidad de usar el Senator Lounge de Lufthansa, donde permanecí desde mi llegada hasta las 09:30, cuando me dirigí hacia el área de salidas.

A pesar de que la Terminal 1 del aeropuerto de Frankfurt tiene un área de documentación enorme, eventualmente logré llegar al mostrador 441. No se notaba un gran ambiente de júbilo en el mostrador salvo algunos letreros y libros de cortesía sobre la historia del 737 en la flota de Lufthansa. Me hubiese quedado con alguno de no ser por el hecho de que solo estaban disponibles en alemán y mi manejo de ese idioma se limita solamente a los anuncios de aterrizaje de la aerolínea.

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Algunos representantes de prensa de Lufthansa ayudaban a coordinar y guiar a los periodistas, así como a los presentes hacia la puerta de embarque, entre los que encontré uno que otro rostro familiar. Recibimos nuestras tarjetas de embarque y pasamos el filtro de seguridad. De manera un tanto irónica, me encontraba una vez más afuera del Senator Lounge de Lufthansa.

En vez de entrar una vez más, me dirigí hacia nuestra puerta de embarque; la A15. Tal como lo esperaba, se trataba de una posición remota a la cual nos llevarían en un autobús. No hubiese tenido sentido realizar el embarque a través de un jetway ya que eso habría limitado de manera considerable la posibilidad de fotos del evento.

Como todos los invitados se encontraban en la puerta de embarque antes de tiempo, este comenzó unos 15 minutos antes de la hora programada. Tras un corto trayecto en autobús, nos detuvimos en la plataforma donde se encontraba nuestro 737, el D-ABEC bautizado como ‘Karlsruhe’.

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Al acercarnos al avión, noté en la escalera a una azafata vestida con el uniforme tradicional de Lufthansa. Se veía deslumbrante y le dio un toque especial al ambiente.

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Todos los invitados esperaban ansiosamente la oportunidad de fotografiar cada rincón del avión. Sin embargo, nos limitaron a una pequeña zona. Al parecer, la intención de Lufthansa era dejar la sesión de fotos para el evento en Hamburgo.

Rápidamente apareció el resto de la tripulación junto con el jefe de flota del 737 de Lufthansa y Klaus Froese, CEO del Hub de Frankfurt de la aerolínea.

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La emoción de subir al avión se hacía sentir en todos los presentes, por lo que cuando al fin nos dejaron subir, todos nos apachurramos en la escalera para ser de los primeros en fotografiar el interior.

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Fuimos recibidos abordo por la azafata portando el radiante look clásico de Lufthansa. Al entrar, me sorprendió el perfecto estado en el que se encontraba la cabina. A decir verdad, se veía mejor que los nuevos interiores de corto radio instalados en las cabinas de algunas aerolíneas, y era imposible notar por su estado de conservación que se trataba de un avión a punto de ser retirado.

 

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Encontré mi asiento en la fila 7. La vista del ala y la turbina no pudo ser mejor – ¡en las alas es donde se puede realmente notar la avanzada edad del diseño del 737! Extrañaré esas turbinas un tanto deformes y esas alas de apariencia achaparrada.

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Luego de un breve discurso de bienvenida siguió la demostración de seguridad. La tripulación se encontraba dispuesta a hacerla, a pesar de que probablemente sabían que la mayoría de los invitados abordo conocían el paso-a-paso tan bien como ellos.

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En cuestión de segundos noté que el carreteo había comenzado y nos dirigíamos hacia la pista para despegue. El APU estaba encendido, lo que me confundió al creer que los motores se habían iniciado. Esta sensación fue porque estábamos siendo remolcados hasta la otra esquina del aeropuerto, cerca de la entrada a la pista 7C. Una vez allí, sentí la nariz bajar de ángulo al ser removido el camión de remolque.

Esta vez no hubo duda, los motores se habían encendido. El ruido era notorio, por no decir fuerte.

En un abrir y cerrar de ojos nos encontrábamos surcando el cielo por los próximos 40 minutos rumbo al aeropuerto de Hamburgo. Realizamos un impresionante giro sobre el centro de Frankfurt tras nuestro despegue, aunque más allá de eso no hubo mucho más que ver a través de las ventanas, salvo una capa de nubes.

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Durante el vuelo todos caminamos de un lado a otro del avión, explorando cada rincón y conversando con la tripulación de cabina. El servicio abordo seguía el típico protocolo de los vuelos intra-europeos de Lufthansa, aunque fue un tanto curioso observar a la tripulación intentar moverse por el pasillo y los galleys repletos de gente.

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Todos los presentes intentaban entrar a la cabina de mando para una foto, aunque los 20 minutos que duró el momento desde que se apagó la señal de abrocharse los cinturones hasta que se volvió a encender para el descenso no fueron suficientes. En mi caso no pude tomar una foto, aunque me encontraba ocupado capturando el momento.

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Aterrizamos en Hamburgo justo antes de las 13:00 hora local y nos detuvimos en el hangar de Lufthansa Technik, donde nos recibieron con un tradicional arco de agua y cientos de  entusiasmados empleados. La tripulación apagó los motores y todo el APU antes de ser remolcados al interior del hangar. Nunca había estado en un avión repleto de pasajeros sin ningún tipo de generador de energía en funcionamiento. Fue una curiosa experiencia. Un gran silencio se apoderó de la cabina y literalmente se podían escuchar las ruedas moviéndose debajo de nosotros.

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Los cientos de empleados de Lufthansa presentes nos dieron la bienvenida al bajar del avión. Fue un momento muy especial ver a todos esos apasionados amantes de la aviación venir a darle un último adiós a su querido ‘Bobby’. También me emocionó al ver un 737-500 también retirado de la flota.

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Hubo un pequeño discurso sobre el 737 y su historia con la compañía y Lufthansa Technik. Después pudimos caminar alrededor del avión. La tripulación también posó para algunas fotografías junto al ‘Bobby’.

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Nos subieron a un autobús para pasar el filtro de seguridad antes de volver al hangar y embarcar el avión para el vuelo de regreso. Tan solo había 68 pasajeros en el vuelo de ida, y a pesar de que se me asignó el mismo número de asiento en ambos vuelos, estaba determinado a cambiarme. Afortunadamente para mí, aún quedaban algunas ventanas disponibles hacia la parte trasera del ala, desde donde pude disfrutar la vista.

Nuestro despegue fue rápido y el capitán se aseguró de apagar la señal de abrocharse los cinturones lo más rápido posible para que podamos volver a movernos por el avión.

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El servicio proporcionado en ese vuelo fue mucho más extenso, con la tripulación entregándonos bolsas de regalos de Lufthansa Technik. Seguido de esto la tripulación ofreció el servicio de bebidas acompañado con chocolates para acompañar el vino prosecco.

Fue realmente un gran placer platicar con la tripulación en este trayecto. Ellos estaban tan emocionados como yo de ser testigos de tan especial ocasión.

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Pronto iniciamos nuestro descenso a Frankfurt -estos 45 minutos de vuelo son pocos. Klaus Froese, CEO del Hub de Frankfurt de Lufthansa, agradeció a todos los presentes por ser parte de la ocasión. ¡Nuestro descenso hacia Frankfurt fue espectacular!

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Fuimos recibidos por arcos de agua conmemorativos una vez más a nuestra llegada a Frankfurt. Esta vez bajo la luz de una hermosa puesta de sol. Estabamos listos para desembarcar. Las últimas fotografías que pude tomar de esta belleza no tienen precio.

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Esperemos que este simpático avión vuele por muchos años más con otras aerolíneas alrededor del mundo, ya que definitivamente lo echaremos de menos en Europa.

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